La pasada semana, Leo Messi estampó su renovación con el Inter Miami hasta 2028. Este lunes contó en NBC News los motivos para seguir en la MLS. “Me siento bien física y mentalmente para seguir jugando. Me siento feliz viviendo en Miami, al igual que mi familia”. ¿Qué más se puede pedir? Leo lleva ya 777 goles anotados en sus tres clubs (73 de ellos ya con los garzas de Miami), más los 112 con Argentina, quizá puede llegar a los míticos 1.000 goles como profesional. Ojalá lo consiga y dispute, también, el próximo mundial en Norteamérica. Pero verle alargar la carrera, no deja de ser un dardo en el corazón de los culés que siempre pensamos que tenía que ser One Club Man, empezando y terminando su camino en el Barça. Así lo deseaba también el propio jugador.
También hubiera sido un final precioso que Messi llegase a inaugurar el nuevo Camp Nou como azulgrana. Ahora que sabemos que él jugará hasta 2028, que es cuando terminarán al completo las obras, algo de nostalgia recorre por las venas culés. Por ello, que Messi y el Inter escogiesen firmar el contrato en las obras del nuevo Miami Freedom Park no es casual. Que Leo hable de él “como su nueva casa” y diga que “será algo muy especial jugar en casa en un estadio tan espectacular” suena a recado para quien le echó del Barça y de quien siguen sin querer saber nada. Pero la vida sigue.
Sin Messi, después de la temporada de estrés post-traumático para todos, el Barça ha conseguido ganar ya dos ligas, con Xavi y con Flick. Y han surgido nuevos talentos de La Masia, como Lamine Yamal, que parece el señalado para ser la figura y el estandarte de ese enero de 2028, cuando tengamos un estadio cubierto para 105.000 espectadores.




